miércoles, febrero 15, 2006

Larga Noche (Parte 2)

Una vez llegaron los tres al coche, una de las chicas preguntó que cuál iba a ser el plan, a lo que él, sonriendo le dijo : "Se hará lo que yo diga, yo tengo la coca, yo mando. ¿Está claro?". La chica asintió esbozando una gran sonrisa mientras saboreaba sus propios labios con la lengua. Estando ya dentro del coche, se dispusieron a ir a casa de Max. Mientras conducía a gran velocidad por las amplias avenidas, una de las chicas, justo sentada donde el copiloto, comenzó a bajar la cremallera de los ajustados pantalones, sacó su polla, y se puso a acariciarlo lentamente. Mientras, la amiga, en la parte de atrás buscaba más droga en su bolso rosa chillón. En un momento dado del viaje, Max estaba tan cachondo con la rubia, que la agarro fuertemente del frágil y delicado cuello, y la acercó a su gran polla, llena de venas y con ganas de seguir la juerga. Ella sacó su larga lengua, le mostró su piercing, y mientras bajaba la cabeza decía: "Va a ser la mejor mamada de tu vida, tío". Y comenzó a subir y bajar rítmicamente mientras Max, apretaba cada vez más fuerte el pedal del acelerador, adquiriendo más y más velocidad. Cuando llegaban al apartamento de Max, ya estaban lo suficientemente excitados para como para dejar el coche fuera del garaje, y dirigirse a la puerta de entrada tocándose los unos a los otros. Una vez dentro, las empujó contra el enorme sillón de cuero negro del salón, y les dijo que subiría a recoger lo necesario para preparar unos tiros, y amenizar la velada. Les ofreció la bebida del mueble bar colocado justamente detrás del sillón. Mientras él subía por las transparentes escaleras de metraquilato, ellas se abalanzaron sobre el bar y se pusieron a prepararse un gran vaso de vodka con zumo de naranja.
Una vez en la primera planta, se dirigió a su habitación, situada al fondo del pasillo. Justo en la puerta, se deshizo de sus botas de cuero como de costumbre, y entró. Se fue directamente hacia la mesita de noche, en el primer cajón era donde guardaba todo tipo de sustancias estupefacientes, y algunas cajas de preservativos. Pero eso no sería necesario esta noche, tal y como él había planeado. Cogió algunas pastillas de éxtasis, su roca de coca, y algo de hierba para poner humo a la actuación. Una vez recogidas las cosas, entró en el cuarto de baño y se desnudó, dispuesto a darse una ducha justo antes de la acción. En su espalda se podía vislumbrar una gran estrella de cinco puntas tatuada, con varios piercings en los vértices. Era un hombre grande y musculado, se podía adivinar que pasaba muchas horas en el gimnasio para mantener ese cuerpo de tal modo. Abrió el grifo, esperó que se calentara lo suficiente, y se introdujo en la ducha. Mientras abajo seguían emborrachándose las chicas, a la espera de que Max bajara con su particular confeti.
No pasaron más de 10 minutos cuando el anfitrión apareció en lo alto de la escalera, totalmente desnudo y las manos llenas de drogas. Las chicas lo miraron fijamente, ambas con la boca abierta ante aquella visión. Le invitaron a bajar, mientras le hacían un hueco en el sillón, apartando cosas de la mesa para colocar las golosinas que él bajaba. Una vez se acoplaron los tres sentados, Max preparó unas rayas, habiendo machacado antes el éxtasis que tenía. Velozmente bajaron las cabecitas las dos chicas, y esnifaron todo lo que les había puesto en la mesa. Ambas se miraron, asintieron con la cabeza y se levantaron al mismo tiempo del sillón. Se colocaron detrás de la mesa, justo frente a Max, y comenzaron a bailar al son de la música que él había puesto cuando llegaron. Bailaban muy pegadas la una con la otra, rozándose constantemente. Entonces, una de ellas comenzó a besar en el cuello a la otra mientras trataba de bajarle la falda. Lo cierto es que no tardaron mucho en quedarse desnudas y empezar a acariciarse por todo el cuerpo. Max estaba realmente excitado ante tal imagen, el éxtasis le había empezado a hacer efecto hacía ya un rato y no podría contener por más tiempo sus instintos más primarios. En ese momento, la imagen que tenía frente a sus ojos, era de dos chicas rubias, totalmente desnudas sobre la alfombra del salón, gimiendo una de ellas mientras la otra le lamía lentamente el clítoris. ¿Qué hombre se resistiría ante tal sueño? Max decidió levantarse y unirse a la fiesta, ya no podía más...

FIN DE LA SEGUNDA PARTE.

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